Existe un lugar en el fondo del mar y de la escalera, donde se encuentra todo lo que necesitamos, la gente es amable y ni siquiera Angela Merkel puede negarte un poco de mantequilla.
El ejercicio de la queja es una práctica satisfactoria. Sin embargo, creo que ha llegado el momento de renunciar al lujo de delegar en blanco. Consciente de mi falta de coherencia, me limito a dejar caer una sugerencia a los jóvenes voluntariosos y llenos de energía.
Para mí uno de los eventos más desestabilizadores de los últimos años ha sido la rotura de mi reloj de confianza. Desde entonces no he conseguido encontrar otro en el que confiar. Siempre tengo la sensación de que me quieren robar unos minutos de sueños, y no puede ser.
Cumplir con el papel del buen ciudadano del tercer milenio, atento a las implicaciones medioambientales, no siempre resulta sencillo, pero hay que intentarlo, conscientes de que el futuro tiene dos ruedas y dos pedales. ¡El pueblo unido (en bici) jamás será vencido!
Los carácteres y las costumbres de los pueblos dependen mucho de su localización geográfica en el mundo. Los cuatro puntos cardinales son códigos para entender el espacio y las personas. Italia, España, Grecia, Turquía, Egipto: una cara, una raza. Tan lejos, tan cerca.
Ahora ya no es cuestión de que estemos distraídos o de que tengamos muchos problemas en la cabeza, la realidad es una: el cerebro se nos está encogiendo. Así que lo mejor será pensar en nuevas profesiones que se adapten a las capacidades reducidas de nuestra mente.
Con el calor que avanza de forma implacable, sólo consigo pensar en la destrucción total del planeta. Tal vez, pero sólo tal vez, y para no preocuparse demasiado, sea mejor fingir que se trate de un juego y, por si acaso, ponerse un colador en la cabeza.
El tele-trabajo es garantía de marginalidad. Un caldo de cultivo de futuros asesinos seriales o, por lo menos, de pálidos y frustrados ermitaños. Hace falta una religión rompedora para salir de la mediocridad. Aquí expongo mi propio ejemplo: todo un camino a seguir.
Hay muy pocas cosas que son ciertas en la vida. En mi caso puedo citar que no me gusta perder, que puedo soportar en silencio cualquier tipo de injusticia y que no soy una persona coherente. Pero, de entre todas, hay una que destaca sobre las demás: que no soy francés.
Vamos a hablar de sexo. De todas las perversiones más entretenidas. Esas que nunca queríamos confesar y que, sin embargo, cultivamos con atención a la luz de la pantalla del ordenador. Y en cambio, ¿acaso sudar y desnudarse tiene todavía y de verdad algo de interés?
Las crisis de Libia y Japón han puesto claro sobre la mesa de la geopolítica alineaciones que antes sólo se podían vislumbrar. El mundo avanza, y aún no se sabe si para bien o para mal. Por si acaso, mejor prepararse con tiempo y una buena dosis de cierto realismo.
El planeta se está sobrepoblando. Los flujos demográficos parecen imparables. Hay que tomar una decisión. ¿Mejor garantizar un futuro a nuestros genes o sacrificarse de modo que podamos estar todos un poquitín más cómodos? ¿Y estamos seguros de que sea un sacrificio?
Algo parece moverse. Hay muchas y distintas señales que nos dicen que estamos llegando a la batalla final (o quizás sea la inicial). Una parte de la humanidad lucha para no extinguirse. De su lado tienen el número y el vigor de la juventud. Pero... ¿será suficiente?