Cesión de soberanía, reformas constitucionales, mando de Bruselas... pero, ¿a cambio de qué?
En medio de la polémica en tiempos de crisis, el banco central de la eurozona tiene ante sí retos que se arrastran desde su fundación. Año a año el papel del organismo, antes liderado por Trichet y ahora por Draghi, va modificando su papel en una Europa que cambia.
Vivimos momentos de grandes cambios que demuestran que ideas y modelos vetustos ya no son adecuados. Las políticas económicas necesitan replantearse; el rigor fiscal adoptado no solo mata el crecimiento a corto plazo, también pone en riesgo el proyecto europeo mismo.
Hecho antes que dicho. España es un cúmulo de sorpresas. Nadie lo esperaba y llegó: la reforma de la Constitución. Rodríguez Zapatero agota la legislatura por todo lo alto. El PP se alegra. Europa ¿también? Los europeos ahí seguimos, asistiendo al surrealista recital.
Europa se encuentra gobernada por un conjunto de ejecutivos desconcertados. La crisis, iniciada en 2008 y todavía protagonista del día a día en los países occidentales, no escampa y las soluciones se antojan imposibles. Mientras, las causas se desconocen, o ignoran.
En medio de una grave crisis de deuda pública en varios de los Estados de la zona euro que amenaza con extenderse, las agencias de 'rating' han tomado un protagonismo inesperado. Actores desacreditados durante un tiempo, ahora los mercados y la política vuelven a ellos.
Grecia es objeto de nuevos planes de rescate financieros que llevan al país, y junto a él a toda la Eurozona, a horizontes desconocidos. La sociedad helena protesta contra los abultados recortes mientras la nueva política europea se distancia de los propios europeos.
El gobierno nos presenta los recortes como única vía de salida a la crisis. El lema es ganar competitividad, con vagas referencias a los objetivos de Europa 2020. Quizás penitencia, pero castigo y sufrimiento no están entre la lista de las políticas económicas eficaces.
La Crisis ha mostrado la insostenible posición de endeudamiento del sistema bancario. Su caída en 2007 comenzó una cadena de quiebras que acabó en un enorme rescate con fondos públicos. Pero alguien tiene que pagar esta deuda a su vez. ¿Estamos encadenados a ella?
La actualidad nos recuerda la crisis de 1929. Las respuestas que se buscaron al crash bursátil de EEUU pusieron entre las cuerdas a una economía debilitada. La reacción inicial de gobiernos y bancos centrales europeos en 2008 evitaron un camino similar. ¿Y ahora qué?
Merkel marcó gol al final del partido, después de un claro fuera de juego de Sarkozy, contra un debilitado portero Buzek y bajo la mirada curiosa de Trichet. Los árbitros miran a otro lado, mientras el público asiste a un espectáculo degradado. La Unión Europea vacila.
Trichet ha sugerido que los tipos de interés pueden subir en la primavera del 2011. Con ello, el BCE avisa los gobiernos europeos: aplazar aun más la decisión de instaurar un verdadero sistema fiscal europeo implicaría un riesgo de ‘argentinización’ de la zona euro.
Los europeos venden empresas y piden prestamos a los chinos. No hay nada que temer. Con una rapidísima expansión económica, China simplemente retoma su posición histórica como potencia mundial. Pero endeudarse con un régimen también significa tolerar sus políticas.