Volvemos al peor pasado, por interés
Por Alexis Rodríguez-Rata
Jul24
Con la que está cayendo en la economía internacional, son unos cuantos los que han decidido mirar a su alrededor y buscar las soluciones que se nos ofrecen para salir del zulo. Varios han escogido ir al oeste de España y fijarse en los Estados Unidos, con su flamante presidente liberal, el primero con el nombre Hussein incorporado y portador de un aspecto físico bien diferente a todos los anteriores. Otros en cambio se han alejado un poco más y han ido a parar, siempre en América, al sureño que adora a Simón Bolívar y el socialismo del siglo XXI. Barack Obama y Hugo Chávez, por lo que sea, parecen ser los referentes de la actualidad e inundan cada día los medios.
Pero más allá, y aunque no sea lo habitual, se puede ir al este… ¿Acaso no están de actualidad triunfal las economías asiáticas? No es este el momento de hablar de China, Japón o Singapur. Si alguien ocupa estos días nuestras sobremesas, ese es Corea del Norte. Porque si ya nos parecía extraño que los norcoreanos participaran en el último Campeonato del Mundo de fútbol de Sudáfrica (con seguidores chinos contratados), más raro nos resulta todavía que el país esté de actualidad… ¡política!
Corea del Norte es, sobre todo, el principal elemento desestabilizador del extremo oriental de Asia.
Aunque pocos lo digan, Corea del Norte es, sobre todo, el principal elemento desestabilizador del extremo oriental de Asia. Es verdad que en Tailandia las cosas no están nada tranquilas, con revueltas y víctimas mortales continuas, pero éstas apenas consiguen desestabilizar a su entorno. Ni siquiera han conseguido frenar el flujo de turistas que cada día pisan sus calles y parajes. Corea del Norte, en cambio, sigue considerándose estalinista (heredera de la política personalista patentada por Iósif Stalin en la Unión Soviética) y, aunque suene extraño, sus políticas afectan a su interior y mucho a su entorno: a su hermana Corea del Sur (con la que todavía no hay firmada ninguna paz desde los años 1950 y sí un armisticio, una tregua) o Japón. Pero también a los Estados Unidos, y de ahí su relevancia.
Apenas se sabe nada de lo que pasa en su interior más allá del dato curioso de ver cómo un catalán ha llegado a ser uno de los pocos gobernantes extranjeros del país, un Estado que oprime a su población a cambio de una paz social que está más que en duda (hambrunas, represión, etc.) Pero aquí hablamos también de equilibrio regional. Hace poco tiempo que se hundió un barco militar surcoreano y, según denunció el Gobierno de Corea del Sur, fue a causa de un ataque del norte. Éstos lo niegan, y amenazan con reemprender la guerra si siguen las hostilidades. Todo… por una línea marítima fronteriza que ambos ponen en duda y reclaman, sea a beneficio de uno u otro en cada ocasión. Y entre tanto, en la otra esquina del mundo surge el comandante Fidel Castro de su letargo para asegurar que el hundimiento fue producto de una acción estadounidense. Tal cual.
Es un Estado que oprime a su población a cambio de una paz social que está más que en duda.
Siendo así los hechos, algo se nos escapa. ¿Qué tiene la parte norte de la península coreana que tanta atención llama? Por un lado es innegable que se trata de un régimen dictatorial de los que ya no quedan, tan cerrado y pasado que una familia se cree la heredera del comunismo primigenio y guía del país en su paraíso actual. Me ahorro las comillas. Sin embargo, esto no nos dice nada.
Lo más sencillo es coger un mapamundi y ver dónde se ubica. Así de simple. Fronteriza con China, que además es su gran aliada regional (tienen un régimen político similar, pero no en la economía, en donde los chinos están completamente insertados en la economía de mercado con tintes estatales), también lo es con Rusia, y con el sur de Corea y Japón, aliados de Estados Unidos. Tampoco se encuentra demasiado lejos de ciertas islas estadounidenses. Y así, constituye una amenaza geoestratégica de orden internacional que se quiere frenar.
Desafiar el pacto nuclear significa desafiar un orden establecido que ninguno quiere cambiar.
Sin embargo, se quiere parar, no porque los tiempos en los que estos regímenes suponían un contrarreferente al capitalismo internacional hayan vuelto, sino por cuestiones más tradicionales.
Es mucho más esclarecedor analizarlo todo a nivel militar. Si algo heredamos de la guerra fría es un pacto para la no proliferación nuclear según el cual se prohíbe que nuevos países desarrollen armamento atómico. Hacerlo es ilegal, tal y como se le dijo a Irán o, en su día, se debió decir a Israel (si bien nunca ha admitido contar con potencial nuclear), Francia, China, Reino Unido, Pakistán, India… con o sin tratado. Todos han escondido sus planes porque el pacto firmado por las dos superpotencias del pasado, Estados Unidos y la Unión Soviética, era un coto cerrado en el que, como mucho, se permitía establecer centrales de producción de energía atómica para uso civil y siempre bajo una estricta supervisión.
Desafiar este pacto significa desafiar un orden establecido que ninguno quiere cambiar. Significa dotar de una fuente de poder duro (el militar) que puede ocasionar cambios en las relaciones entre las potencias actuales y este tipo de países. Y claro, estando como están las cosas, nadie quiere perder su puesto de altura en el ranking del poder. Sea como sea. Y aquí el bienestar de la población entra poco en juego.