Nuevo año, nuevo ciclo, nuevas caras
Por El Europeo
Ene01
El mundo parece haberse convertido en algo tedioso y sin novedad. Las nuevas son viejas; no sorprenden a nadie. La crisis ocupa todas y cada una de las portadas europeas, al menos una vez por semana. Y siempre se repite lo mismo: la salida se busca con un cambio de gobierno, la salida se busca en no se sabe qué reunión en Bruselas, la salida se sigue buscando. Un trabajo, al parecer, interminable. Y en ello seguimos. La marmota parece haber impuesto su día.
En España ha habido muy recientemente un cambio de ejecutivo. Algunos han exclamado eso de que “¡ya era hora!”. Y aun así, todo sigue igual. Seguimos petrificados en el tiempo. En medio de un salto generacional que no queremos o no podemos ver. Pero la realidad está delante nuestro. Cada día. Y ésta no se puede engañar. Como mucho, retardar.
La vieja estabilidad. Esa falsa sensación de seguridad que nos da el seguir haciendo lo de siempre como siempre, es lo que nos retiene. Nada es igual que antes, quizás, y solo quizás, porque nadie es como antes. Salvo los de arriba.
Debemos agradecer mucho a los que nos han precedido. Han vivido lo peor. La gran depresión. El fanatismo. La guerra. La posguerra. La reconstrucción. La dura edificación de la casa europea. Están puestas las bases del futuro para los que ahora habitamos un continente sin fronteras. Las exigencias en bienestar son altas. Y siguen altas, aunque las apariencias engañen.
Llega a la esfera pública la primera generación que vive en red. Importante. Pero más importante aún es que se afianza una nueva generación en donde las fronteras no se dan por hechas. Lo hemos heredado de nuestros abuelos, mientras nuestros padres parecen estar inmersos, todavía, en una interminable transición entre lo antiguo y lo moderno. Indecisos.
Sentémonos un segundo a reflexionar, ¿podemos concluir que hemos cambiado de época? ¿Que estamos ante el comienzo de una nueva era? El siglo XX lo inauguró la guerra (1914). El XIX la revolución (1789). El XXI, al que todos pensábamos que había dado comienzo el mayor atentado terrorista de la historia, parece que ha comenzado con la crisis. Aunque ahora manda la transición.
Después de la guerra fría, a comienzos del siglo XXI la cuestión sigue siendo “sobrevivir”; salir vivos de la pira de la deuda, pública o privada. De sus cenizas surgirá un nuevo mundo, quién sabe si con un nuevo orden mundial.
¿Y Europa? ¿Dónde está nuestro continente en este Risk financiero y económico? La construcción, que avanzaba lenta pero sólida (a pesar de los referéndums por la ‘Constitución’ europea), ha sufrido un ataque de hondo calado. La pregunta es: ¿el hundimiento es algo inevitable? Desafortunadamente, no lo sabremos hasta que pase. Pero en buena medida todo depende del capitán que conduzca el navío.
El barco cuenta con una sólida estructura. Y aguanta. Queda por reforzar la estructura, para que los daños no causen el colapso del buque. Acometer lo que otros, estando la mar en calma, no quisieron o no supieron hacer.
Nada en la historia es “inevitable”, y Europa no es un proyecto imparable; aunque tengamos que hacerlo. Los jóvenes de hoy, padres mañana, abuelos pasado, cuentan con una ventaja: las herramientas incorporan bites.
Europa no existe sin los europeos. Y en nuestras manos está el hacer ese objetivo realidad. Ese sueño. Nos toca a nosotros soñar Europa.