Nos vamos de viaje
Por Álvaro Kuehn
Jul24
Con las vacaciones a la vuelta de la esquina, quizás muchos de vosotros estáis con la cabeza puesta en ese viaje veraniego. No es algo nuevo. Como tampoco es casualidad que los libros de viajes fueran al principio un medio para comunicar a los lectores (europeos, casi siempre) los descubrimientos de quienes marchaban a lugares desconocidos o de los que hubiera pocas noticias.
Si ha habido motivos bien variopintos para viajar: los descubrimientos de nuevas tierras, la diplomacia, la labor de espionaje que tanto aportó a la literatura de viajes en el siglo XIX, la extensión del cristianismo, etc. En el siglo XX la literatura de viajes cambia de tono porque la mayor parte de los viajeros-escritores viajan por el gusto de viajar.
Sin embargo, la literatura de viajes no constituye una categoría o un género literario universalmente reconocido. La literatura de viajes trata de textos que recogen los acontecimientos, los sentimientos y las voces de un viaje realizado por el narrador, que puede o no coincidir con el autor empírico. Según una perspectiva crítica, puede sostenerse que la mera enumeración de hechos no constituye en sí literatura, pero esta no es una postura universal.
La literatura de viajes no constituye una categoría o un género literario universalmente reconocido.
El pasado 27 de junio se cerró en Santiago de Compostela el I Encuentro Internacional de Literatura de Viajes. Interesante, porque estoy seguro que cada uno tiene uno. Un libro, incluso un pasaje de un libro, que le definió un país, un pueblo, un mar o un camino. Un libro que nos llevó a un viaje, acompañó o marcó la línea de viaje a seguir.
Soledad Puértolas, César Antonio Molina, Javier Reverte, Susana Fortes o Julio Llamazares fueron algunos de los autores que pasaron por esta cita. En total, 58 escritoras y escritores que impartieron 14 conferencias, participaron en 9 encuentros o cafés literarios, en 9 mesas redondas.
Uno de ellos, Javier Reverte, reivindicó la literatura de viajes como “género propio” y de características “particulares” al tiempo que consideró su “principal problema” lo “arriesgado” de caer en el “egocentrismo” al convertirse el escritor en el protagonista de la historia.
El pasado 27 de junio se cerró en Santiago de Compostela el I Encuentro Internacional de Literatura de Viajes.
Como referencias al respecto, se cuentan, entre muchas otras, las siguientes obras: Arabian Sands de Wilfred Thesiger, De la démocratie en Amérique de Alexis de Tocqueville, Down and Out in Paris and London de George Orwell, En la Patagonia de Bruce Chatwin, Viaje a Portugal de José Saramago, Letters from Egypt: A Journey on the Nile de Florence Nightingale, The Muses Are Heard de Truman Capote, Roughing It’ Mark Twain. The Songlines de Bruce Chatwin o el Italienische Reise de Johann Wolfgang von Goethe. Otros autores como Josep Maria Espinàs, el mismo Javier Reverte, Francisco López-Seivane o las obras de Ryszard Kapuscinski merecen quizás un lugar privilegiado en el mundo de la literatura de viajes, sin olvidar a Patrick Leigh-Fermor.
En la actualidad, seguimos leyendo y se siguen considerando este tipo de obras; sin ir más lejos, uno de los premios de la reciente XXIII edición de la Semana Negra de Gijón fue a parar a manos de Alejandro Hernández, con una novela de un viaje a la Cuba de 1898 como eje central.
También, por último, están los libros viajeros. Sí, estos que llenan determinados cafés, un banco de una estación de tren o unas escaleras de la plaza de cualquier ciudad, los bookcrossing. Pero de ellos hablaremos a la vuelta de las vacaciones…