No pienses mal, el Gran Hermano te vigila*
Por Bernat Roher
Jul24
El 26 de abril, el Consejo Europeo de Asuntos Generales aprobó el documento 8570/10. Esta decisión pasó desapercibida hasta finales de junio. Según ese texto, la UE observará “procesos de radicalización” a través de la vigilancia de ‘agentes’ que contribuyen a la radicalización de otras personas y que mantienen “actitudes radicales”.
Básicamente lo que se viene a decir en él es que la vigilancia de sujetos que puedan ser definidos como “radicales” será posible y normal a partir de ahora. Curiosamente el CEAG (Consejo Europeo de Asuntos Generales) no define lo que entiende por “radical”. Sin definición de “radical”, el abanico de posibilidades es tan grande que va desde el terrorismo islámico (cuya persecución y vigilancia es lo que se pretendía en principio con este documento) hasta los verdes, antiglobalización y en general cualquier persona que tenga una actitud “radical” y que pretenda convencer a otras personas. Parece claro que en definitiva dicho documento lo que consigue es hacer posible una investigación de todo sujeto incómodo al Estado.
La UE observará “procesos de radicalización” a través de la vigilancia de ‘agentes’ que contribuyen a la radicalización de otras personas y que mantienen “actitudes radicales”.
El susodicho documento (como uno anterior semejante, el 7984/10) tiene un estado legal extraño, pues su carácter es sólo orientativo. Al no ser directivas, los Estados miembros no tienen que ponerlo en práctica obligatoriamente, y por tanto tampoco pasa por el debate y la aprobación del Parlamento Europeo.
Otra medida de control social orientativa ha sido aprobada. La dinámica de control social establecida para el futuro parece clara. En el aspecto normativo se usa una intrusión en el cuerpo del individuo mediante una educación estatal, y unos medios de comunicación cada vez más lacerantes que moldeen al individuo. En definitiva, de lo que se trata es de realizar una inmersión del individuo en un contexto de normas y valores que son moldeables, e inherentes a todo estado de derecho y que en principio capacitan al sujeto para vivir en esa sociedad. La finalidad última de esta normativización es crear una masa base en la que estos juicios y valores morales sean aceptados por tod@s, es decir, homogeneizar el estándar de lo que se piensa.
Dicho documento lo que consigue es hacer posible una investigación de todo sujeto incómodo al Estado.
Homogeneizar a la población es un mecanismo de control social útil. El problema aquí es que no solo son los retentores “legítimos” del poder los que usan los medios de comunicación de masas, la publicidad,… también se moldea para fines poco claros y por grupos como mínimo poco transparentes. La naturaleza de ese uso del control social mediante la intrusión en el sujeto lo define muy bien Foucault:
“Cuando pienso en la mecánica del poder, pienso en su forma capilar de existencia, en el punto en el que el poder encuentra el núcleo mismo de los individuos, alcanza su cuerpo, se inserta en sus gestos, actitudes, sus discursos, su aprendizaje, su vida cotidiana” (Michel Foucault).
El otro aspecto del control social, el punitivo (policial, legalizante, punitivo, represor) es donde el documento aprobado por el CEAG abre mayores posibilidades a los obsesos del control. Permitir la investigación, un sinónimo agradable respecto a espionaje, de todos los individuos que por una razón u otra son considerados “radicales”, nos lleva a la sensación de que vivimos en un sistema que considera al enemigo ideológico interno un peligro. Es decir, si los sujetos susceptibles de ser investigados son tales como antiglobalización, verdes, y en general “radicales” entendido en su sentido etimológico (el que va a la raíz de las cosas), ¿qué nos dice esto, de una sociedad que persigue a aquellos que históricamente han hecho evolucionarla hasta llegar a su forma contemporánea? ¿A tal descrédito hemos llegado de la democracia que tenemos que protegernos de aquellos que tienen opiniones heterodoxas?
La persecución (investigación) de lo diferente, de lo no estándar, es una muestra más de la anquilosidad en que han caído las modernas democracias occidentales.
Una sociedad homogénea no me parece deseable bajo ninguna circunstancia. De hecho considero que la base de una sociedad democrática es la heterodoxia inherente a ella. La persecución (investigación) de lo diferente, de lo no estándar, es una muestra más de la anquilosidad en que han caído las modernas democracias occidentales. Más allá de las instituciones que pretenden salvaguardarlas, existen unos intereses destinados a gobernarnos con el miedo. A crear un enemigo para unificarnos. A definirnos a partir de lo opuesto, lo extraño, que debe ser limitado y controlado. Sin darse cuenta que la sociedad homogénea no existe y que definir lo no convencional como “radical” nos pone en peligro a .(JavaScript debe estar activado para ver esta dirección de email).
Si piensas que la respuesta al debate de puntos de vista incómodos no es la represión de ellos, si proclamas tu creencia a quien quiera escucharte, te has convertido en un “radical” y eres susceptible de ser investigad@. El enemigo se esconde entre nosotr@s y busca la crítica y la acción. Busca poner en cuestión las ideas y discutir los asuntos. Larga vida al enemigo.
* Dedicado a Ferran Millan, con mucho cariño, te extrañamos.