¡No me gusta la SOPA!
Por Bernat Roher
Ene15
¡No me gusta la Sopa! Hasta Mafalda me daría la razón. Claro que no nos referiríamos a la misma sopa. El objeto de mi desagrado no es otro que la Stop Online Piracy Act HR 3261.pdf (SOPA para los amigos). La ley que actualmente está en debate en Estados Unidos y que debe votarse el próximo día 24 de enero, el equivalente totalitario de la ley Sinde española.
La diferencia entre una y otra es más cuantitativa que cualitativa, aunque la versión americana es especialmente agresiva. Mientras que la ley Sinde tiene su ámbito de actuación en el territorio digital español, la versión americana no se detiene en sus fronteras sino que pretende globalizar la censura. La agresividad de la ley es tal que hasta empresas como Google, Amazon, Facebook, y un largo etcétera se han posicionado frontalmente contra ella.
Lo que pretende hacer esta ley es perseguir la piratería en internet y las herramientas que usa para hacerlo son: la vigilancia preventiva de todos los equipos conectados a la red y de todos los paquetes de datos mandados a través de ella. La criminalización del usuario. La persecución de toda web, buscador, red social u otros que permitan que sus usuarios posteen links a contenidos protegidos, y la posterior censura de los mismos. De hecho, si la ley estuviera en vigor en este instante, páginas como Wikileaks, Wikipedia, Facebook, Twitter o Google estarían censuradas.
La SOPA es el equivalente totalitario de la ley Sinde española.
Obviando por un instante el tema de la protección de la propiedad intelectual, parece que muchas de estas leyes nacen trasnochadas o avanzadas a su tiempo. No soy un experto en computación pero me parece que vigilar todos los paquetes de datos que circulan por la red en busca de contenidos protegidos o de referencias a ellos requiere de una capacidad de computación monstruosa. Por otro lado, la censura de páginas web, al estilo de la ley Sinde, solo provoca un baile de servidores y censuras que se mudan a otras regiones más tolerantes.
Esta migración de servidores hace que la única alternativa que les quede a los legisladores es impedir el acceso desde un determinado país a servidores determinados ubicados en otros. Para entendernos: tienes una web de enlaces, te la cierran, la reabres en otro sitio donde la legislación española no tenga poder, el gobierno impide el acceso desde tu país a páginas ubicadas en otro. Si esto sucediera, y es en parte lo que pretenden dichas leyes, la semejanza con países acusados de censura como China sería estremecedora.
La protección de la propiedad intelectual es poco útil y en realidad defiende un modelo de negocios anticuado más que a los productos artísticos y creadores.
Con la iniciativa de la ley SOPA han estallado todas las alarmas. Por un lado porque se considera que el intento de protección de la propiedad intelectual es poco útil y en realidad lo que defiende es un modelo de negocios anticuado más que a los productos artísticos y sus creadores. Salvando la parte interesada de la industria, los mecanismos usados para hacerlo sin vulnerar las libertades civiles parecen poco prácticos y para proseguir con el acoso empiezan a vulnerarlas. Por otro lado porque lo que la ley estadounidense hace de facto es legalizar la vigilancia preventiva de los ciudadanos americanos y censurar en función de intereses de lobbys.
Lo que me parece más grave del asunto es el afán imperialista de la ley. Si la ley ha sido propuesta para su votación por un político estadounidense, este político representa los interes de los ciudadanos que lo han votado (o al menos eso sería lo deseable); y por ende, siguiendo la lógica tortuosa de la democracia, se lo tienen merecido si lo han votado. Pero mientras que la población de Estados Unidos tiene cierto poder de decisión, aunque solo sea aparente, el resto de la población digital mundial se ve obligada a sufrir las consecuencias de una ley sobre la que no tienen ni voz ni voto.
Este tipo de leyes lo que provocan en última instancia es un intento de control sobre la red y por ende sobre sus ciudadanos.
En la ley se contempla obligar a las empresas proveedoras de internet a censurar y vigilar no solo nacionalmente sino internacionalmente. La mayor parte de los servidores mundiales están ubicados en ese país por lo que el poder de censura que tienen es estremecedor.
Y así tenemos leyes que: no funcionan para los fines anunciados, son producto de democracias nacionales que se imponen globalmente, y que encima permiten el control de los ciudadanos y vulneran la neutralidad de la red.
En los últimos años internet se ha convertido en una herramienta imprescindible para la emancipación y progreso de la humanidad. Lo recogió tal cual la ONU al declarar el acceso a internet como un derecho humano. Pero para que esto siga así es necesario que la red mantenga su neutralidad. Este tipo de leyes lo que provocan en última instancia es un intento de control sobre la red y por ende sobre los ciudadanos. Una censura encubierta por una supuesta defensa de interes artísticos que en realidad son industriales. Es una farsa que me parece intolerable.
Por suerte el internet de hoy se ha movilizado de forma sorprendentemente mayoritaria contra esta ley de forma frontal. Empresas tecnológicas como Google, Yahoo, AOL o Facebook han mandado una carta al senado estadounidense denunciando lo que a su juicio sucederá si se aprueba. Estas mismas empresas, junto con grupos como Electronic Frontier Foundation, han amenazado con realizar un apagón digital a modo de protesta. Las redes sociales hierven de mensajes e iniciativas sociales contra ella. Los grupos en defensa de las libertades civiles como Human Rights Watch anuncian acciones. Se crean aplicaciones para movil para hacer boicot a las empresas que la apoyan. Más de 100 profesores de leyes han hecho llegar al Congreso cartas denunciando la inconstitucionalidad de la misma…
En fin, que no faltan energías para oponerse a lo que parece ser el mayor atentado contra las libertades civiles en la era Internet. Solo falta ver si esta ley se aprobará a finales de este mes o si por el contrario podremos disfrutar un tiempo más de todo lo que ofrece internet sin censuras. En cualquier caso, lo que parece claro es que la ciudadanía y el empoderamiento digital deben crecer más rápido y más fuerte para hacer frente a las iniciativas que pretenden controlarnos en el siglo XXI.