No design, just necesity

Por Javier de Prado
Casas derruidas en Puerto Príncipe, Haití, por el último terremoto.
La realidad de un país derruido como Haití pone de manifiesto la falta de capacidad de innovación en la actual arquitectura. Proyectos universales con muy poca aplicación y utilidad local, ése es el panorama en el que nos movemos. ¿Es el tiempo de despertar y cambiar?

Pensamiento. Sí, pensamiento. Visto que la semana se adivinaba de un calor infernal tanto como para ponerse de color el falo Agbar de Nouvel en Barcelona (aaay, la vergüenza), he decidido matar el rato dedicándome a pensar. No os preocupéis, que no me he vuelto loco ni nada parecido. He decidido pensar en su justa medida. Ni poco, ni demasiado, que si no todos acabaríamos duchándonos con cerveza en vez de agua a ver si se nos mueren las pocas neuronas que nos quedan. Acabaríamos como el pobre Nietzsche y toda esa cuadrilla de pensadores que no tenían nada mejor que hacer que intentar explicar cosas que no tenían explicación, porque depende qué le preguntaras te salía con una respuesta u otra. Así que al final el pobre acabo confundiendo el pan con el vino y acabo rellenito de ambos. Personalmente, yo prefiero el método del amigo Sócrates, que no le daba tantas vueltas: la dialéctica, o sea, darte la vuelta a la tortilla con tus propias estupideces. Si es que era genial. El colega siempre tenía razón… y sin darle ninguna vuelta al coco: ¡dialéctica!

Total, que después de Sócrates, Nietzsche, Aristóteles… y Leire Pajín (la librepensadora) me he acordado de Haití. Sí, repito, de Haití: ese trocito de tierra en el culo del mundo que expoliaron y saquearon los franceses hasta dejarlo seco (literalmente). ¿Quién se acuerda de él? Nadie, supongo. Sólo son pobres que no tienen una miserable casa para poder vivir, cocinar, comer, beber, jugar, educar, relacionarse, aprender, leer, trabajar, dormir… Son nadie. Mientras nosotros estamos aquí dándoles limosna como a vagabundos y comprándoles nuestro billete al cielo en forma de camiseta, arroz u osito de peluche para las niñas, esta gente se muere. Bueno, realmente morirse solo se mueren unos pocos, que para eso están las ONGs con su visión apocalíptica en que todo lo ven y todo lo oyen para garantizar la salvación de las pobres almas que agonizantes imploran nuestra ayuda.

La sabiduría popular es enemiga de la arquitectura actual.

Entonces se me ocurrió pensar en cómo van a reconstruir el país y todo eso, y me hice una pregunta: ¿para qué cojones necesitan un arquitecto de occidente esta gente? ¿Es que acaso son imbéciles y no saben hacer una casa que se tenga en pie? Bueno, igual esto sí que lo piensan las ONGs visto el percal, claro, con esa capacidad tan amplia de visión que tienen. Amplia en el sentido de que actúan en cualquier lado. Les da igual que sea un terremoto en Haití que un tifón en las Filipinas. Las viviendas de realojo que hacen son siempre iguales. Y la planificación es del tipo dominó: todas en hileras una detrás de otra, lo que además tiene un pequeño problema: como a algún gracioso elemento de nuestra madre naturaleza le dé por echar una partida y tire una ficha, todas las demás va a ir detrás de ella, y ya sabemos quién suele ganar el juego en estos casos. Porque aquí los comodines están contados y siempre los tiene el mismo jugador.

Todo esto viene a cuento de que pensando y sobre todo observando a la gente más desfavorecida me he dado cuenta de que lo único que se consigue dándoles todo y construyéndolo a nuestra manera es convertirlos en inútiles funcionales. Una suerte de tontos que van a olvidar su historia, sus costumbres y su identidad para mirarse en nuestro espejo de brillantitos y joyitas. De César Pellis y Ricardo Bofills. Increíble, pero después de millones de años ¡los dinosaurios vuelven para conquistar el mundo! En fin… Es que resulta que la planificación y la arquitectura post-ultra-megamoderna de este momento de la historia es tan volátil que resulta ser mejor que la suya, y por tanto ya se sabe: a copiar a los americanos y si no a los europeos que para eso les copiamos primero nosotros a ellos.

Persona, lugar e identidad. Es todo lo que un arquitecto necesita conocer para realizar su trabajo con honestidad.

Otra pregunta: ¿habéis visto alguna vez un poblado chabolista? Las casas están hechas de deshechos. Deshechos útiles por otro lado. Pues toda esa basura que nosotros no queremos alguien la utiliza para vivir mejor. ¿Quién lo diría, eh? Y lo mejor de todo es que… ¡aguantan! Pues esto tiene un nombre: sabiduría popular. Ese extraño enemigo de los arquitectos estrella-revista-televisión de la actualidad. Pero es que además también está la normativa, que tampoco ayuda, porque esa biblia llamada Código Técnico de la Edificación que sólo tienen dos mil y pico hojitas de nada y que hay que aplicar, justificar y reverenciar no da mucho más de sí que lo establecido para poder realizar arquitecturas de reciclaje y “low cost”, que son precisamente aquellas que necesitan esas personas que no tienen nada. Así que a aquellos que todavía pensamos antes de actuar, no nos queda más remedio que escribir artículos como éste para ver si alguien se da cuenta de la mierda endémica que conlleva la arquitectura y la arquitectura social. Y si las diferencio es porque no me queda más remedio que admitir que el 95% de lo que se hace hoy en día es para el hedonismo y masturbación personal de unos pocos ególatras sobrevalorados.

Resumiendo, que no se si el arte de la arquitectura a muerto o no. No sé si somos arquitectos o técnicos. No sé si ayudamos a la gente o nos ayudamos a nosotros mismos. No sé si vivimos en el mundo o el mundo vive en nosotros. No sé si soñamos con futuros peores o con presentes mejores. No sé si la voluntad de poder es la que nos domina o nosotros somos la que la dominamos. No sé la gente nos merece, o si a la gente le merecemos. Lo que sí sé es que por lo menos, bien o mal, yo he pensado. ¿Y vosotros?

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