Liderazgo polaco

Por Dídac Gutiérrez-Peris
El primer ministro polaco, Donald Tusk, en 2009 en Grecia.
2011 ha sido un año con escasos liderazgos a escala continental. El intergubernamentalismo se afianza. Preocupa que parte de la solución radique, precisamente, en la capacidad de erigirse más allá del marco nacional. Polonia ha sido la excepción en la Unión Europea.

2011 nos deja un año sombrío para la integración europea. Nuestros líderes nacionales no han estado a la altura. Les ha faltado esa capacidad de caminar un pasito por delante, esa capacidad para arriesgarse y saber abrir los interrogantes que guíen al conjunto de la sociedad hacia las respuestas adecuadas. No han sido líderes europeos. Han sido líderes de sus países, líderes a la antigua. Con discreción pero con firmeza el viento ha soplado a favor del intergubernamentalismo y Europa no ha sabido aprovechar el momentum que brota de toda crisis.

A nivel de la política internacional Europa ha sido un reflejo de sus líderes. El 2011 ha sido un año repleto de oportunidades para jugar un papel más determinante a nivel mundial. Sin embargo nos hemos quedado cortos. Reaccionamos demasiado tarde durante la primavera árabe (Cuando los buenos son ellos). En Libia Europa se limitó a hacer lo que ha hecho siempre (Lo que no resuelven las balas), a pesar de que contaba con nuevas competencias y con un flamante nuevo Servicio de Acción Exterior (Jugando a ser mayores). Logramos un asiento único en la ONU pero no ha servido para que le habláramos al mundo (Un debut desacompasado). En algunos casos hemos incluso retrocedido, como en el Mediterráneo (Un mar de silencio), y en otros los europeos hemos quedado en evidencia por enésima vez (Obama, el Nobel y Palestina).

Con discreción pero con firmeza el viento ha soplado a favor del intergubernamentalismo.

Precisamente es en este contexto, con sus más pero sobretodo con sus menos, que Polonia se merece una especial mención por la visión, el empeño y la energía que le ha brindado a Europa. Desde que este país cogiera la responsabilidad de la presidencia del Consejo de la Unión Europea, sus líderes han sido como un oasis de esperanza, de pausada reflexión y de entusiasmo calibrado. En julio el primer ministro Donald Tusk, en un discurso corto de cuatro páginas ante el Parlamento Europeo, plasmó todo aquello que durante tres años no se ha querido reconocer. No ofreció soluciones mágicas en seis meses, y menos reconociendo que esto de las ‘presidencias’ cada vez tiene menos sentido en el marco del Tratado de Lisboa. Sin embargo puso el dedo en la llaga al afirmar que el futuro de Europa no pasa tanto por dirimir qué modelo macroeconómico adoptamos, sino hasta qué punto nos dotamos de unas estructuras de decisión continentales. Afirmó que la crisis es de confianza hacia Europa y recordó que a veces olvidamos que la mitad este de Europa ya ha afrontado un desafío infinitamente mayor en 1989. Desafío del cual salimos todos victoriosos al apostar por el proyecto comunitario.

Luego está el que para mí es sin duda el mejor discurso político a escala europea de 2011: Poland and the future of the European Union, en boca de Radoslaw Sikorski, el ministro de exteriores polaco, el 28 de noviembre en Berlín. No es el mejor discurso por su retórica o por su emocionante narrativa. Es el mejor discurso porque sin hacer grandes alardes ni grandes defensas de una_ palabreja_ como ‘europeísmo’ ofrece cinco reflexiones ligadas cada una a una iniciativa concreta que marcan un camino posible. Son iniciativas factibles, elemento que dista mucho de aquellos que van sobrados de retórica política –incluso los federalistas- pero pecan en aquello fundamental cuando rige un sistema de equilibrios: realismo. Sikorski ya nos ha dejado para la posteridad la frase de “temo más la inacción alemana que su poder”.

Polonia se merece una mención especial: el presidente Komorowski y el primer ministro Donald Tusk reman en una misma dirección.

Polonia es ahora mismo uno de los alumnos aventajados de Europa. Sus datos macroeconómicos son buenos, y más en comparación con otros países de la eurozona. Vive un momentum político, donde el presidente Bronislaw Komorowski y el primer ministro Donald Tusk reman en una misma dirección, con el objetivo último de liderar una nueva Europa con su país dentro de la eurozona. Tusk ha sido además recientemente ampliamente respaldado por las elecciones celebradas en octubre, convirtiéndose en el primer ministro de la democracia polaca en ser reelegido. Atrás queda la complicada cohabitación que mantuvo como primer ministro con uno de los hermanos Kaczynski al frente de la Presidencia. El nacionalismo acérrimo del partido Ley y Justicia ha sido reemplazado por una nueva ola de liberalismo económico y compromiso hacia la idea de Europa, tanto en el mensaje como en la acción de gobierno. Hablar del ‘fontanero polaco’ es, si cabe, más ultrajante que nunca.

En la Europa actual de los egos nacionales la sinceridad y duro realismo con la que los polacos asumen que sin una Europa fuerte liderada por los más fuertes estamos todos perdidos, es como una luz al final del camino. Por ahí empieza el nuevo curso. Por reconocer algunas cosas que todavía nos cuestan. Los sacrificios que tengamos que hacer y debatir, tanto económicos como en soberanía, parecerán entonces mucho más sinceros y mucho más democráticos.

¡Feliz Año!

Comentarios

    No hay comentarios, sé el primero

& añade tu comentario...