¡Huelga! Grève! Strike! Streik! Sciopero!...

Por Imanol Merino Malillos
Cartel usado en el mayo francés del 1968 donde las figuras de unos ciudadanos dicen que el poder es suyo.
Dada la cantidad de acontecimientos presentes (y venideros) que a nivel europeo tienen como foco las huelgas de los trabajadores, qué mejor que recordar los tiempos pasados, a veces gloriosos y otras veces no tanto (más bien hondos fracasos), de este fenómeno obrero.

Mientras escribo estas líneas, dos huelgas (sino más) acaban de atravesar a España. Por un lado, en Madrid, el metro. Por otro, en el País Vasco, una huelga general “nacional”. La primera podría decirse que ha sido un éxito, al menos desde la óptica de los sindicatos. En el segundo caso, sin embargo, el éxito ha sido inferior. Son éstos los dos últimos ejemplos, al menos a nivel español, de huelgas laborales. Pero hay más. No hace falta hacer un gran ejercicio de memoria para recordar las huelgas generales, y van seis, acontecidas en Grecia ante la caótica situación del país. Dadas las medidas de recorte de derechos anunciadas por los gobiernos, los sindicatos españoles han organizado una huelga general para el 29 de septiembre próximo, día en el que también tendrá lugar una jornada de movilizaciones, a escala europea, contra los recortes anunciados por los gobiernos nacionales. Pero, ¿qué es una huelga? Y más exactamente, ¿desde cuando existen las mismas? ¿Cuál ha sido su evolución? ¿Cuáles han sido las más importantes?

La Real Academia Española define la huelga, en su segunda acepción, como la “interrupción colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta”. Pero con todo, las huelgas actuales, tanto sectoriales como generales, son un fenómeno moderno, propio de la clase obrera, hijas por tanto de la Revolución Industrial. Algunos paros coordinados de los trabajadores se produjeron en momentos históricos anteriores, pero fueron más bien fenómenos puntuales. Y es que una de las armas, sino la más eficaz, con la que siempre ha contado el trabajador para exigir mejoras ha sido, precisamente, dejar de realizar su labor. Así, hay constatados paros por parte de los trabajadores incluso en época de los egipcios, llegándose a hablar de una “primera huelga” histórica durante el reinado del faraón Ramsés III (1184-1153 a.C.). Sin embargo, dicho recurso, organizado y sistemático, no alcanzó su máximo grado de perfeccionamiento hasta el siglo XIX.

Las huelgas actuales, tanto sectoriales como generales, son un fenómeno moderno, propio de la clase obrera, hijas por tanto de la Revolución Industrial.

Fue con el nacimiento de una masiva clase obrera y la organización de la misma, vía sindicatos o partidos políticos, cuando se desarrolló el recurso sistemático de la huelga. Bien es cierto que de manera ilegal, pues si bien a lo largo de la decimonovena centuria se produjeron múltiples huelgas, no eran ni mucho menos legales. Y por ello, eran perseguidas muy severamente por los gobiernos. Su mejor ejemplo fue la convocada por los trabajadores estadounidenses el 1 de mayo de 1886, con el objetivo de obtener la jornada laboral de 8 horas, y que es el origen del Día de los Trabajadores.

Fue durante la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX, con la progresiva conquista de derechos por parte de los trabajadores y de las organizaciones que les defendían, cuando las huelgas se convirtieron en un derecho. Fenómeno éste que también puede (y ha de) ser interpretado como una progresiva incorporación a los regímenes liberales por parte de los trabajadores y sus organizaciones. Entre las distintas medidas que se adoptaron durante ese periodo, amén de legalización de los partidos y sindicatos, se encontró el derecho a la huelga como arma social, política y económica. Así, ya en 1864 se reconoció en Francia el derecho a la huelga.

Con la paulatina consolidación de los regímenes democráticos, las huelgas perdieron su contenido revolucionario, pasando a ser un arma, el principal, de la clase obreras para obtener mejoras en sus condiciones laborales.

Si hubo precisamente un periodo en el cual las huelgas laborales tuvieron un papel muy relevante en la vida social, política y económica, fue durante ese periodo previo e inmediato a sus legalizaciones. Los ejemplos más claros fueron las acontecidas durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). A lo largo de dicha contienda múltiples protestas obreras se desataron en los diferentes países europeos, debido a las pésimas condiciones laborales, agravadas por las obligaciones de la guerra. Es cierto que ninguna de ellas acabó por desestabilizar definitivamente ninguno de los Estados contendientes. Y paradójicamente, uno de los países donde más se dejó notar la influencia fue en uno no beligerante: España. Y, curiosamente, el único régimen socialista surgido durante dicho conflicto, en noviembre de 1917, el bolchevique, no fue fruto de ninguna huelga. Aunque, eso sí, las huelgas habían jugado un papel muy relevante en la caída del zar ruso en febrero de dicho año.

Con la paulatina consolidación de los regímenes democráticos, las huelgas perdieron su contenido revolucionario, pasando a ser un arma, el principal, de la clase obreras para obtener mejoras en sus condiciones laborales. Aunque ello no fue óbice para que, en más de una ocasión, pusieran en jaque algún gobierno. Así pasó, por ejemplo, en mayo de 1968 en Francia (huelga estudiantil y obrera), o el 14 de diciembre de 1988 en España.

A día de hoy, con la caída además del referente comunista, las huelgas han perdido casi cualquier tinte radical, pasando a ser la principal manera de mostrar el descontento obrero, canalizado a través de los sindicatos. Es más, si bien antaño su objetivo era reclamar mejoras, hoy la mayoría de ellas centran sus esfuerzos en impedir la pérdida de derechos de los trabajadores. Aunque siempre han sido, son, y seguramente serán, una fuerte arma de desgaste para los gobiernos. En septiembre tendremos posibilidad de comprobar si esta arma, antaño tan eficaz, sigue teniendo algo de la efectividad pretérita.

Comentarios

  1. zaira ramirez

    Noviembre 07, 2010

    que pongan mas fotografias y den mas info
    plis
    xq
    sta un poco
    incompleta

  2. Imanol Merino

    Diciembre 18, 2010

    Estimada Zaira:
    Antes de nada, disculpa el retraso en la respuesta. Te agradezco el comentario que has hecho a este artículo. Lamentablemente, y lógicamente, somos esclavos del formato, y por ello no nos podemos explayar tanto como en ocasiones deseamos y siempre deberíamos sobre los temas que escogemos. Por ello, me va a ser imposible completar la síntesis que he realizado. De todas formas, y teniendo en cuenta que no soy especialista en el asunto, si quieres ampliar la información sobre el asunto, te recomiendo, si es que no los conoces ya, la lectura de las obras de Eric Hobsbawn, tales como Revolucionarios: Ensayos Contemporáneos. Barcelona: Ariel, 1978”, También puede resultarte de interés la siguiente página web:
    http://www.cadenaser.com/sociedad/articulo/huelgas-cambiaron-historia/csrcsrpor/20100926csrcsrsoc_4/Tes
    También he localizado algunas síntesis sobre los países concretos, casos como el francés, que pueden resultarte de interés:
    Stéphane Sirot: La grève en France. Une histoire sociale (XIXe-XXe siècle),
    Reiterándote los agradecimientos por haberte leído este artículo. Trataré de localizar alguna otra referencia, tanto bibliográfica como en internet, para que se pueda completar la información.

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