¡Están locos estos europeos!
Por Begoña M. Goitia
Dic31
Los fieles seguidores de Asterix y Obelix recordarán esta característica introducción en la que se nos presentaba la peculiar idiosincrasia de la aldea más independiente de toda la Galia. Y es que como les ocurría a los irreductibles galos, los británicos no llevan demasiado bien eso de que un imperio extranjero les diga qué hacer. La última demostración la tuvimos en el Consejo Europeo de diciembre, esa magnífica reunión en la que 26 países fueron a salvar el euro e Inglaterra fue para hablar de su libro (la próspera y rentable City londinense).
La separación producida desde entonces ha encendido todas las alarmas: “Europa se rompe“, “Inglaterra abandona la Unión Europea“, “los británicos matan a la madre de Bambi y esconden su cadáver”. Demasiado dramatismo para una decisión que puede tacharse de errónea, e incluso de catastrófica para los intereses de ambas partes, pero nunca de inimaginable.
Analizando la trayectoria trazada por los sucesivos premiers británicos, la coherencia es un valor que se mantiene en el tiempo: el rechazo al espacio Schengen en los 80, la negativa a formar parte del euro en los 90, la ruptura con el Partido Popular Europeo para formar un grupo propio la pasada década… Con todas estas decisiones, el Reino Unido ha demostrado su aversión al compromiso europeo, su urticaria innata al afán regulatorio de las instituciones comunitarias. Desde este punto de vista, y por rompedora que parezca la decisión de quedarse al margen de los acuerdos para salvar el euro, solo supone un paso más en su proceder de agente libre. It was just too much.
¿Es más desinteresado y filantrópico el deseo de Merkel por la austeridad que el empeño de Cameron por proteger los intereses de la City?
Sin embargo, no hay en todo este desarreglo malas intenciones ni desprecios viscerales hacia Europa como algunos predican, sino una negociación en la que ambas partes luchan a brazo partido por llevarse a casa el mejor acuerdo posible. ¿No es ese el modus operandi propio de la UE desde su fundación? ¿De verdad es más desinteresado y filantrópico el deseo de Merkel por imponer la austeridad hasta en el vestir que el empeño de Cameron por proteger los intereses de la City?
Pese a la literatura romántica que rodea a la fundación y progresivo desarrollo de la Unión Europea, en cada Consejo Europeo se sientan a batallar 27 egoísmos nacionales que solo actuarán juntos si ello les reporta el mejor resultado privado. Invocar ahora a la pérfida Albión tachando a los británicos de egoístas y malnacidos no es justo, pero sobre todo, plantea una realidad falseada ya que el altruismo nunca ha sido parte del juego.
Para Reino Unido, la Unión Europea tiene una psicosis regulatoria que no encaja con sus planes de soltero comercial empedernido.
“Si quieres las cosas bien hechas, hazlas tú misma”, se dice Merkel. “Y si tengo que formar parte de este club, será en calidad de líder”. Sarkozy revolotea sobre el poder para presentarse como el impulsor de los cambios recientes más relevantes en la historia comunitaria, buscando una imagen de influencia que le lleve a revalidar su presencia en el Elíseo. Por eso, esta nueva situación que deja fuera al Reino Unido a petición propia no debería medirse en términos de quién es más o menos desprendido con sus socios, sino en función de quién sale más perjudicado. Y esta es la pregunta que guiará las decisiones de uno y otro bando a corto y medio plazo: ¿Quién pierde más en esta ruptura, la Unión Europea o Inglaterra? La respuesta por la tangente es que gana Alemania, ya que impone un modelo (el propio) de estricta austeridad, y se quita de en medio a un jugador con un altísimo peso específico. Tal vez por eso fue el presidente francés y no Merkel quien perdió los papeles enviando un airado reproche a David Cameron la madrugada de autos.
Otro debate es lo acertado o no de la maniobra realizada por los tories. Con este órdago, los británicos no sólo no han conseguido sus objetivos sino que además equivocaron el momento y el foro: si es cierto que más de la mitad de las operaciones financieras denominadas en euros se realizan en la City londinense, ¿qué hacía Cameron torpedeando una cumbre convocada con el único propósito de salvar la moneda común?
Quizás la única intención de David Cameron sea evitar que se convierta en realidad esa pesadilla recurrente en la que el largo brazo legislador de la Unión ahuyenta a los bancos extranjeros instalados en la City. Para Reino Unido, la Unión Europea tiene una psicosis regulatoria que no encaja para nada con sus planes de soltero comercial empedernido. Qué curioso: ¿no vivimos momentos dramáticos precisamente por la total desregularización de los productos financieros en Estados Unidos, un planteamiento que ya se ha cobrado tres víctimas en Europa?