Entre la utopía y la realidad: la Revolución cubana
Por Imanol Merino Malillos
Jul24
Entre campeonatos del Mundo y Debates sobre el estado de la nación, a lo largo de la segunda quincena del ya extinto mes de julio, unas significativas noticias han tenido como escenario Cuba. Por un lado, la reaparición en televisión, tras un largo periodo de ausencia, de Fidel Castro, el antaño líder y hoy símbolo de la Revolución cubana. Por otro, la “liberación”# (mediante, en muchos casos, extradición) de un grupo de disidentes cubanos, presos desde el 2003. Esto último ha sido posible en parte gracias a la labor llevada a cabo por el Ministerio de Asuntos Exteriores español y la iglesia católica, sin menospreciar tampoco las protestas llevadas a cabo por de los propios presos, cuyo ejemplo extremo ha sido el de Guillermo Fariñas. Por todo ello, una vez más, la actualidad nos invita a reflexionar sobre un país, en este caso Cuba, y su pasado más reciente.
La situación actual de Cuba tiene sus orígenes más próximos en la situación de la isla a mediados de la vigésima centuria. Y más concretamente, en el golpe militar, liderado por el antaño presidente electo Batista, que derrocó un sistema democrático bastante desacreditado para entonces el 10 de marzo de 1952. Comenzó así una dictadura militar caracterizada por la restricción de derechos y el aumento de la corrupción. Ello propició la aparición de movimientos que canalizaron el descontento de un sector de la población. Y, de entre éstos, destacó el liderado por un grupo de jóvenes dispuestos a coger las armas si era necesario para derrocar al dictador. Ese grupo, entre los que se encontraba Fidel Castro, realizó el asalto al cuartel de Moncada el 26 de julio de 1953, fracasando en el intento y siendo detenidos los asaltantes supervivientes.
Cabe recordar que la Revolución no nació comunista. Pero las medidas adoptadas, la abierta oposición de los empresarios cubanos y yankees y el contexto de la guerra fría propiciaron la aproximación de la Revolución a la órbita soviética.
Tras pasar dos años en prisión, dadas las presiones internacionales, el gobierno cubano amnistió a los asaltantes. Éstos crearon el denominado Movimiento 26 de Julio (en honor a la fecha del asalto al cuartel Moncada), siendo en principio de ideología progresista, democrática y, por tanto, contraria al régimen de Batista. Rápidamente se unieron a este movimiento muchos jóvenes cubanos y agrupaciones. Algunos de ellos se exiliaron a México, donde comenzaron a organizar la guerrilla que debería derrocar la dictadura. Allí se les unió, entre otros, el argentino Ernesto Guevara.
A finales de 1956 partieron de México 82 expedicionarios que debían de comenzar una guerra de guerrillas en la zona sur de la isla. En principio dicho movimiento debía estar coordinado con un levantamiento popular en la sureña ciudad de Santiago. Aunque esto último no sucedió, los guerrilleros lograron desembarcar y, tras una serie de derrotas iniciales, consiguieron asentarse en la zona sur de Cuba. Paulatinamente esos guerrilleros comenzaron a recibir el afecto exterior y el apoyo interior de mucha gente. La imposibilidad de derrotarlos dejó cada vez más patente la debilidad del gobierno de Batista, quien trató de organizar unas elecciones, tal y como había hecho en 1954, pero que, como entonces, no fueron reconocidas por ninguna fuerza política cubana como legítimas.
Fue tras la caída de su gran protectora, la Unión Soviética, cuando el régimen castrista parecía estar cerca más de su fin. Así los esperaba Estados Unidos.
Durante la segunda mitad de 1958 el avance guerrillero aceleró el proceso de descomposición del régimen dictatorial, que culminó con la huida de Batista a Santo Domingo el 1 de enero de 1959 y la toma del poder por los rebeldes. El nuevo gobierno prometió elecciones libres en un plazo de 18 meses, mientras fusilaba a un buen número de afines al régimen dictatorial y de disidentes. También procedió a medidas de nacionalización y expropiación de propiedades. Ello propició la retirada de los moderados del gobierno, así como el descontento de las clases altas y de los empresarios estadounidenses con intereses en la isla. Con todo, cabe recordar que la Revolución no nació comunista. Sin embargo, las medidas adoptadas, y la abierta oposición de los empresarios cubanos y yankees (plasmados en los intentos de invasión de 1959 y 1961), junto con el contexto de la guerra fría, propiciaron la aproximación de la Revolución a la órbita soviética.
Todo ello dio el comienzo a una espiral. La pescadilla que se muerde la cola. Cuanto mayor era el aislamiento externo del régimen, mayor era su endurecimiento interno y la aproximación a la órbita comunista. El gobierno procedió, bajo el autoritario mando de Fidel Castro, a la supresión de la libertad de prensa, la persecución y encarcelamiento de la disidencia interna, el establecimiento del partido único, y la ausencia de elecciones democráticas.
Con el retiro del primer plano político de Fidel Castro, y la cesión del poder en 2006 a su hermano Raúl, parece haberse iniciado una nueva etapa en Cuba.
Con todo, la supervivencia de la Revolución quedaba garantizada por el apoyo soviético. Bien es cierto que eso mismo propició una de las situaciones más críticas del gobierno cubano: la crisis de los misiles de 1962. Sin embargo, la resolución pacífica, o al menos sin derramamiento de sangre, permitió a la Revolución proseguir su camino comunista durante casi tres décadas.
Fue tras la caída de su gran protectora, la Unión Soviética, cuando el régimen castrista parecía estar cerca más de su fin. De hecho, desde Estados Unidos se esperaba, como fruta madura, que cayese de un día para otro. Sin embargo, las importantes pérdidas que supuso el colapso soviético (caída de importaciones y exportaciones) fueron paliadas con medidas aperturistas o “liberalizadoras” en lo económico. Era el denominado “periodo especial”. A ello, y al apoyo de un importante sector de la población que todavía creía en la Revolución. Gracias a todo ello, el régimen castrista se mantuvo a lo largo de la década de los 90 del siglo XX y la primera década el siglo XXI, sin realizar grandes concesiones a las libertades interiores, como lo muestra la Primavera Negra del 2003, cuando 75 disidentes fueron encarcelados.
Sin embargo, algo parece estar cambiando en Cuba en los últimos años. Con el retiro del primer plano político de Fidel Castro, y la cesión del poder en 2006 a su hermano Raúl, parece haberse iniciado una nueva etapa. Un proceso de apertura hacia al exterior y de un mínimo aumento de las libertades hacia el interior. Un proceso que está siendo lento, pero, parece ser, real. Aunque, ya se sabe, las libertades siempre tienden a llegar tarde. Y más, en las dictaduras (y si es que llegan).