El déficit de Laporta

Por Roberto Rodríguez Díaz
Campo de fútbol vallado, símil de una imagen presidiaria.
No han pasado más que quince días desde la marcha de Joan Laporta de la presidencia del FC Barcelona para que lo que muchos sospechaban se haya cumplido: el Barça atraviesa una grave crisis económica. Así están los tiempos, también en el deporte (aunque no lo parezca).

Resulta irónico que el club más laureado de los últimos dos años tanto en España como en Europa atraviese una grave crisis económica, pero desde el club su vicepresidente económico, Javier Faus, ha reconocido que la situación es más precaria de lo que algunos presumían.

A pesar de haber ganado todos los títulos posibles en 2009, y de hacerse con la Liga en 2010 desde el club, que presidió Joan Laporta hasta el 30 de junio, se afirma que sólo disponen de 40 millones de euros para realizar fichajes este verano, de los que 10 ya han sido gastados en el brasileño Adriano.

Tras las transacciones realizadas por el club en los últimos años resulta fácil entender como se ha llegado a la situación actual, pese a los altos emolumentos que ingresaron en las arcas del Camp Nou por la consecución de tantos títulos.

El Barça de Laporta se ha gastado 252 millones en los dos últimos años en fichajes, fechas en las que los precios pagados no se ajustaban, a todas luces, con la realidad del mercado.

Tras los años de Rijkaard, Laporta contrató a Guardiola y decidió apuntalar la plantilla que dos años antes había conquistado la Liga y la Champions. Ese verano el club azulgrana se gastó 100,5 millones en cinco jugadores: Piqué (7 millones), Keita (14) y Alves (35) que a día de hoy se consideran jugadores fundamentales en la plantilla. Pero también contrató a Cáceres (16,5), Henrique (10) y Hleb (18), que no estuvieron a la altura de las circunstancias y todavía hoy se les busca acomodo.

El Barça ese año ganó todos los títulos en juego y el club ingresó unos 32,8 millones de euros procedentes de la Uefa, además de otros ingresos adicionales como los comerciales y de marketing (14 millones), el incremento del valor de la plantilla (15) y los bonus que pagan los patrocinadores por la consecución de objetivos (30).

Tras un año mágico en cuanto a títulos la temporada pasada Laporta realizó cuatro fichajes. El primero fue Maxwell (5), y después llegó Ibrahimovic (66), aunque la cifra que dio el club de su fichaje se basaba en que el precio de Eto’o rondaba los 20 millones de euros. Tras él invirtió 25 millones en Tchigrinski, por expresa petición de Guardiola, que ha sido devuelto hace escasas fechas por no poder terminar de pagar su excesivo traspaso. La última contratación fue la de Keirrison, por 15 millones, al que todavía no se le ha visto el pelo porque es un jugador que nunca interesó a Guardiola.

El poco o nulo rendimiento de muchos futbolistas, sus altos precios y fichas y las descomunales primas han mermado sobremanera el crédito barcelonista, al punto de no haber podido pagar los futbolistas a 30 de junio.

Si a esos nombres unimos el de David Villa, que ha costado 40 millones, el Barça de Laporta se gastó 252 millones en los dos últimos años, fechas en las que la crisis más ha afectado al fútbol, y en la que los precios pagados no se ajustaban, a todas luces, con la realidad del mercado.

El poco o nulo rendimiento de muchos futbolistas, sus altos precios y fichas y las descomunales primas, 39 millones el año pasado (16 millones por la Liga de Campeones, 14 por la Liga y 9 por la Copa del Rey) han mermado sobremanera el crédito barcelonista, al punto de no haber podido pagar a los futbolistas el 30 de junio. Un crédito solucionó aquel problema. Los 30 millones recaudados por Touré solucionan en parte el gasto en Villa, pero las cuentas siguen sin cuadrar.

No han pasado más que quince días desde la marcha de Laporta de la presidencia del Barça para que lo que muchos sospechaban se haya cumplido. Los sectores más optimistas del barcelonismo opinan que puede ser una táctica de la nueva junta para abaratar el intento de fichaje de Cesc, pero las cuentas no fallan y la auditoría que en unos meses se hará pública pondrá negro sobre blanco en la verdad económica del anterior presidente.

Justo cuando el Barça necesita hacerse con uno de los futbolistas que lleva el sello Barça desde que nació, no puede pagarlo. Parece que el club que mejor juega en el mundo a este deporte, que posee una de las marcas más poderosas, que ha conseguido más títulos en los últimos años, que define el estilo de juego con el que España ha triunfado en el Mundial, que tiene mayor número de socios y a algunos de los mejores futbolistas del planeta, de repente, está en crisis.

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