2011, un año de plazas

Por Juan Garrosa
Concentración de protesta en la plaza Tahrir de El Cairo, Egipto.
En 2011 la ciudadanía ha recuperado su papel protagónico a nivel global. Esta presencia directa en las calles y en los medios de comunicación es esencial para contrarrestar las tendencias autoritarias que, bajo muy diferentes formas, florecen alrededor del mundo.

2011 ha sido un año muy prolijo en acontecimientos de gran relevancia histórica que han convulsionado el mundo político, económico y social. Lo que nos interesa destacar en este artículo (a modo de balance anual por parte de la sección Ciudadanos de este periódico) es que, en estos acontecimientos, han tenido un papel muy destacado la movilización ciudadana en general y las protestas callejeras en particular.

El año arrancaba con la muerte el 4 de enero de Mohammed Bouazizi, vendedor ambulante tunecino que días antes se había quemado a lo bonzo en la vía pública en señal de protesta por el maltrato policial, desencadenando una amplia revuelta que se extendería por los países vecinos dando lugar a la llamada “primavera árabe”.

En Túnez los manifestantes aguantaron la violenta represión y no cedieron ante las promesas aperturistas del régimen, consiguiendo el derrocamiento del presidente Ben Ali (que ocupaba el cargo desde 1987) y la convocatoria de elecciones libres.

En Egipto el descontento con la situación del país eclosionó el 25 de enero con una gran manifestación que se mantuvo en los días siguientes con una creciente participación a pesar del toque de queda y del bloqueo de internet y la telefonía móvil decretados por el gobierno. Tras perder el apoyo del ejército, el presidente Mubarak se vio forzado a dimitir el 11 de febrero tras treinta años en el poder.

El año arrancaba con la muerte el 4 de enero de Mohammed Bouazizi, vendedor ambulante tunecino.

En Marruecos, Omán, Jordania o Yemen las protestas se saldaron, sin embargo, con cambios mucho más moderados.

En Siria la revuelta se inició el 26 de enero, también a raíz de que un ciudadano se prendiera fuego en protesta contra el gobierno. La revuelta devino en insurrección armada contra el régimen del presidente Al Assad, que se aferra al poder a pesar de la condena internacional.

En Libia las movilizaciones del 17 de febrero fueron reprimidas sangrientamente, originando una sublevación que pronto cobró fuerza hasta controlar amplias zonas del país, dando lugar a una guerra civil que concluyó con el derrocamiento del dictador Muamar el Gadafi.

En Italia la presión popular será fundamental para que el nuevo gobierno tecnócrata matice su papel de correa de transmisión de los mercado.

Más al norte, en Europa, la problemática era muy diferente, si bien la movilización ciudadana estuvo también muy presente.

En Grecia, las protestas surgidas en 2010 se han repetido durante todo este año, con grandes manifestaciones. Portugal asistió el 24 de noviembre a la mayor huelga en décadas.

En España, sin duda, el punto álgido de las movilizaciones arranca el 15 de mayo, con las concentraciones de los indignados en las principales plazas del país, evidenciando el descontento con el actual funcionamiento democrático.

Es difícil contrarrestar el peso de los marcos estatales en las protestas.

A pesar del terremoto político que estas protestas han causado en las cancillerías europeas, con sucesivos cambios de gobierno en varios países, los mercados han mantenido la batuta, por lo que la presión popular deberá persistir. Sin ir más lejos, en Italia la presión popular será fundamental para que el nuevo gobierno tecnócrata matice su papel de correa de transmisión de los mercados.

Al otro lado del Atlántico, el colectivo Occupy Wall Street ha llevado las protestas de los indignados al corazón del capitalismo, iniciando sus concentraciones el 17 de septiembre en Nueva York y extendiéndose después por varios estados.

También es destacable la consolidación de la revolución islandesa o la emergencia de una nueva sociedad civil en Rusia. Chile ha vivido desde abril un año de continuas protestas por parte del colectivo estudiantil, contando con un gran apoyo popular. Incluso en China se ha visto un repunte de la reivindicación social.

En un intento por globalizar la escenificación del descontento, se convocó por internet una movilización global para el 15 de octubre en la que participaron centenares de ciudades de los cinco continentes aunque con dispar resultado de afluencia. En efecto, es difícil contrarrestar el peso de los marcos estatales en las protestas incluso en un macroestado como la Unión Europea. No obstante, lo que la gente está reclamando en todos los casos es la soberanía, su soberanía, frente a los poderes, ya sean políticos o económicos, que pretenden negársela. La penetración en el imaginario colectivo de estas ideas y, sobretodo, de la necesidad de defenderlas activamente es lo que sentará las bases de una movilización global cada vez más integrada y efectiva.

Las descritas son las movilizaciones de mayor impacto y trascendencia. Cierto es que, entre las revueltas de la primavera árabe pidiendo democracia y con miles de muertos en el camino y las protestas en Europa por una democracia real frente al poder de los mercados, hay un abismo. Pero la conclusión es la misma. Que hoy asistimos a una movilización a nivel global, en respuesta a problemáticas diferentes si bien unidas por un elemento común, una ciudadanía que se resiste a ser sujeto pasivo y que recupera la calle como espacio de decisión política.

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